Al fin puedo coger un lápiz...
Hace muchos días que no escribo. ¿La razón? He estado todos los días entrenando, desde primera hora de la mañana hasta primera de la tarde, con un pequeño parón para comer. La rutina por las tardes era más relajada: un rato de descanso y masajes para calmar el cuerpo, explicaciones acerca de los Nucus y después cenita con T. Cada día. Me parecía un poco aburrido escribir cada día lo mismo, así que...
Básicamente los entrenamientos han sido saber sobrevivir en diferentes situaciones: animales salvajes atacándome, desprendimientos de rocas, falta de vívieres... No sé, un poco de todo. Supervivencia cien por cien. Y en cuanto a las clases, si es que se podrían decir así, me han parecido bastante interesantes aunque... Espeluznantes.
Al parecer en la isla de T ya vivía gente antes de que ella llegase. Los Nucus. Una tribu salvaje muy aislada en el mundo, por lo que muy involucionada en comparación al resto. Los puntos que más claros me ha intentado dejar T son que su gran fe religiosa es su punto más peligroso. Realizan sacrificios a su diosa, Samara, de la cual no me ha quedado muy claro de dónde ha salido... Pero la cuestión es que son pacíficos. Hasta que tocas sus cosas.
Y bueno... En general, este ha sido el plan. Hasta hace un par de días. Aquella mañana, no me vino a despertar ningún robot, sino la propia T. Estaba sentada en el cómodo sillón que hay junto a la cama, mirándome con una sonrisa. Una bandeja llena de cosas deliciosas para desayunar me esperaba en la mesilla. Recuerdo que antes de que me incorporase, T acarició mi muñeca izquierda con una mirada muy extraña...
Horas más tarde y tras una bonita y relajada mañana juntas, T me llevó a un lugar al que no había llegado nunca: el sótano. Es un lugar espeluznante... ahora entiendo por qué nunca me llevó ahí abajo. Elementos de tortura, elementos químicos y esa maldita camilla...
Me hizo sentar ahí, con dulces palabras para tranquilizarme, explicándome todo el proceso. Durmió mi mano, pero me dejó despierta para que lo pudiera ver todo. En unos minutos el frío bisturí empezó a rasgar mi muñeca. Un alarido de asombro se me escapó, a pesar de que no sentía nada de nada. Abrió una pequeña raja por la que introdujo una diminuta placa de metal. A continuación cerró la herida de una manera perfectísima.
Cuando se pasó la anestesia empezó a dolerme muchísimo la muñeca, tanto que no he podido hacer nada con la mano. Hoy al menos empieza a calmarse... ¿Y para qué todo esto? Lo que ha introducido T en mi muñeca es una llave. La única entrada a la Torre reaccionará ante esta llave. El chip, por así decirlo, se ha expandido bajo mi piel, dejando una marca oscura en ella en forma de código de barras.
Mañana iré a probar si funciona. Y en apenas unos días, el juego empezará...
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