domingo, 14 de agosto de 2011

Día tres (noche cerrada)

Al fin encuentro un hueco para ponerme a escribir...

Estos dos últimos días han sido realmente agotadores, aunque T dice que para una persona normal habrían sido mucho peores, yo me siento desfallecer. Según sus teorías yo debo ser ese tipo de persona que se pasa la vida haciendo deporte y lo único que ha conseguido fatigarme ha sido este parón tan largo mientras me recuperaba. Y ciertamente, hasta que mis músculos han dicho basta, me lo he pasado bien. Realmente bien.

El entrenamiento, o los juegos, como ha empezado a llamarlos T, se basaban principalmente en aprender a escalar, saltar largas distancias, correr a la mayor velocidad posible, nadar... Todo dentro de la Torre. Las plantas intermedias del edificio son reproducciones exactas de zonas selváticas; piscinas enormes donde poder nadar durante varios kilómetros, cantidad de árboles a los que trepar... No sé, es todo muy extraño.

Y así han sido estos dos últimos días. Ayer estaba tan agotada que cuando llegué a la habitación de T me fui derecha a la cama, sin pararme a escribir. Hoy, tras un riquísimo batido energético que me ha preparado ella, me he sentido lo suficientemente recuperada como para ponerme a escribir.

Me pregunto dónde estará T ahora... Cada noche me deja quedarme en su espaciosa habitación y se marcha, sin decirme a dónde. Esta mujer es demasiado buena conmigo...

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