sábado, 13 de agosto de 2011

Día dos (primerísima hora de la mañana)

El sol está empezando a salir, y yo no puedo dormir.

Estoy muy nerviosa... ¿Qué será lo que pasará hoy? No tengo ni idea. Estoy sentada en la cama de T, delante de una gran cristalera que tiene vistas a toda la isla. Y más allá, una nada profundamente azul e infinita. ¿Dónde nos encontramos? ¿En qué punto exacto del mundo? Sinceramente no tengo un interés demasiado fuerte en salir de aquí por que, a fin de cuentas, no recuerdo ningún lugar al que me gustaría volver. Pero aún así, la sensación es algo claustrofóbica...

Me he despertado hace unos minutos por culpa de una pesadilla. Al abrir los ojos me ha parecido ver a T plantada a los pies de mi cama, observándome con sus fríos ojos azules... Pero no fue más que una ilusión. La cuestión es que en mi sueño había fuego. Llamas por todos lados. Y muchas voces que gritaban desesperadas. Pero no había nadie. Tan sólo estaba yo.

De pronto las voces se callaban y empezaba a escuchar un tintineo muy fino, lejano, por encima de mi cabeza. Extendía los brazos y de ellos empezaban a salir plumas, que convertían mis extremidades en bellas alas de color azulado que me impulsaban hacia los cielos. El tintineo estaba cada vez más cercano, pero el humo del fuego no me dejaba ver nada. Hasta que lo vi brillar. Un cascabel. Colgando del cuello de alguien que no logré diferenciar, el pequeño objeto bailaba de manera hipnotizante.

Entonces todo se desmoronó. Un montón de voces empezaron a gritar mi nombre y el portador del cascabel, unido al coro, extendió sus brazos hacia mí para agarrarme cuando, de súbito, alguien cortó mis alas y empecé a caer. Justo en ese momento grité algo. Un nombre. Pero tan sólo recuerdo que empezaba por M... ¡Maldita memoria!

Una vez envuelta en llamas otra vez, alguien me recogió. A su paso las llamas se apartaban y me dejaban respirar apoyada sobre sus cálidos brazos. Una versión fuerte, sana y aún más agradable, si cabe, que la T de verdad, me llevaba en brazos por todo el paraje hasta la Torre, donde me decía que descansara en su cama mientras ella se quedaba a los pies de mi cama, observándome con una mueca extraña en el rostro. Seguramente por ello la imaginé después de ese mismo modo, ¿no?

Tal vez ese sueño ha sido un intento de mi subconsciente por hacerme recordar algo de mi pasado. Pero, sinceramente, no entiendo nada de ese sueño. Sólo sé que estoy terriblemente cansada y que ya me están trayendo el desayuno. Se avecina un día largo...

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