Durante la comida T no dijo nada. Y yo tampoco. No sabía qué decirle, ni por qué estaba así. Pero estaba tan rara...
Después de los postres, se levantó sin decir nada y fue a por mí. Me cogió la mano y bajamos las escaleras hasta el recibidor. Allí, un robot trajo una silla donde me hizo sentarme, y otra para ella, que situó justo delante de mí. Entonces sonrió, por fin. Su estado de ánimo era reflejo de una creciente ansia. Me dijo que en una semana aproximadamente (por que, ya se sabe, aquí el tiempo no existe) llegarían los juguetes y está realmente nerviosa. Parte de su nerviosismo también lo tengo yo ahora.
La cuestión es que me llevó al recibidor por un motivo concreto. Iba a presentarme a alguien, o tal vez debería decir algo, no lo sé. Algo que iba a ser mi ayudante durante los juegos aunque... Podría convertirse también en un peligro para mí. Es normal que cuando dijo eso se me erizase todo el cuerpo, ¿verdad?
A un chasquido de T una gran puerta, de esas que permanecen ocultas a la vista, se abrió. Gran, no, enorme, gigantesca, colosal. Y de su interior apareció eso... ¿Él? No sé cómo definir a una criatura como aquella. Un lobo. Pero no un lobo corriente. Era un lobo gigantesco, tanto que estaba segura de que podría montarme encima suyo. Un lobo gigantesco con unos gigantescos dientes, y estoy segura que son trementamente afilados, pero tampoco quise, ni quiero, comprobarlo.
Kai es su nombre. T me hizo acercarme a él con cauleta para dejar que me oliese. Al principio gruño. Pero ella, haciendo un alarde de esa fuerza que no tiene, le dio un golpe en cuanto lo hizo. El animal gimió y volvió a olerme. Clavó sus ojos en los míos. Un escalofrío me recorrió... aún tiemblo al recordar esa mirada.
En fin... Este será mi compañero ahí fuera. No directamente pero, si alguna vez me meto en un problema serio, será él quien venga a ayudarme. Además, me dijo que será el acompañante de quien nos de las instrucciones de los juegos... Pero eso me lo explicará mañana. ¿Qué será esta vez?
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