martes, 9 de agosto de 2011

El diario

Lu, Kate y Ken estaban consternados ante la visión de Alice, encogida sobre sí misma en un rincón de la caseta del árbol. La griega, respondiendo a los impulsos que la llevaban a cuidar de aquella joven, se lanzó derecha a por ella para calmar su llanto. Mientras tanto, Ken y Lu empezaron a investigar por aquella caseta. ¿Cuanto tiempo haría que estaba construida? ¿Y si Alice vivía allí, por qué no les invitó nunca? Podrían haberse ahorrado muchas horas de dormir a al interperie. 

Pero algo les llamó súbitamente la atención. Entre un montón de dibujos en los que podía verse a Alice con la malvada T en muy diversas situaciones, destacaba un libro de tapas rojas. Ningún título lo adornaba y, al aproximarse, Lu pudo ver que se trataba de un diario. Ken empezó a recoger todos aquellos papeles desparramados de cualquier manera hasta acercarse a su joven compañera para observar el diario.

Se notaba que alguien se había dedicado a arrancar varias hojas del principio. En la cara interior de la tapa se veía escrita con perfectísima caligrafía el nombre de Alice, acompañado de un borrón del que no se podía diferenciar ni una vocal. La caligrafía interior, en cambio, era bastante peor, como si quien la escribiera no fuera la misma persona que la del nombre.

Pasaron unas largas horas clamando a Alice que al final, con muchos mimos de Kate, accedió a acompañarles hasta la capilla que el Padre Claudio y Cross estaban construyendo. Una vez al amparo de un refugio y con la muchacha plácidamente dormida en brazos de Kate, el grupo comenzó a leer la historia de su extraña compañera, relatada de su puño y letra en aquellas páginas.

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